jueves 5 de noviembre de 2009

LOS COLORES DE WITTGENSTEIN

Minificción.


LOS COLORES DE WITTGENTEIN

Por Armando Arteaga




Un condenado a muerte llamado Ludwing Josef Johann se escapó de la cárcel. Fue algo muy lógico la manera de usar su pensamiento wittgensteiniano para escapar de la condena que le impuso un tribunal. Muy listo, el condenado jardinero había leído también Óptica de Newton y la Teoría de los colores de Goethe. Un día antes de la ejecución de la sentencia comió ensalada rusa con abundante beterraga. Al amanecer, pidió ir a la enfermería por sentirse muy mal de salud. Al medico le pidió entonces ir al baño, y al defecar, estremeció de rojo el w.c. Llamó al medico y le explicó que tenía una intensa hemorragia interna anal, y/o hemorroides muy aguda. El medico de la cárcel no vaciló en pedir su traslado hacia una clínica de mayor importancia y de rigor galeno en la ciudad de Viena para ser atendido. A un condenado a muerte se le respeta la vida hasta el instante final de la ejecución de la sentencia. Situación excepcional * que el condenado a muerte aprovechó para convencer a su guardián acerca de la importancia de vivir en libertad (mientras era trasladado a la clínica especializada en gerontocomía en Viena). Asunto que se consolidó corrompiendo con dinero a su guardián. ¡Viva la libertad! –exclamó el condenado a muerte al cruzar la frontera del país del tribunal que lo condenó a muerte-. Todo es según el color del cristal con que se mira.

*Variable aleatoria bidimensional discreta: morir o no morir por la sentencia. Teoría de probabilidad e inferencia estadística.

Del libro ¨Los pobres diablos¨.

viernes 25 de septiembre de 2009

LAS FLORES DE MI ABUELA/ POR ARMANDO ARTEAGA

Ficción Breve
LAS FLORES DE MI ABUELA
Por Armando Arteaga


Mi abuela siempre viene hasta su jardín todas las tardes del fondo de la casa triste aquí en Sullana, habla sola, arregla sus flores: claveles, geranios, margaritas, alguna que otra magnolia seca que destaca entre las espinas de los cactus que también son de su predilección.
Pero yo estoy bien muerto desde hace años, tiempos en que –dicen- me atropelló el tren salitrero que venía de Las Lomas, o me ahogue en un río, por lo tanto pertenezco al mundo de los que no viven.
Y mi abuela, buena persona, habla con los muertos, y habla conmigo.
-¿Te estás portando bien, Gervasio?.
-Si, abuela.
-¿Haces siempre tus oraciones?.
-Verdad, abuela, si.
Nos ponemos a platicar horas de horas. ¿Cómo anda el pueblo, abuela?. Como siempre la gente no aprende nada, siguen viviendo en la ignorancia y el materialismo de las cosas –dice ella-. Haciendo jugar sus manos con el mandil azul a cuadritos que siempre lleva puesto.
Hasta que alguien trastoca el dialogo de la abuela. La otra tarde fue mi primo Telesforo.
-¿Abuela, qué haces hablando sola?.
-No hablo sola, muchacho, perverso –responde-. Hablo con Gervasito.
-Abuee..., Gervasio está muerto hace años, no te acuerdas.
-Claro que me acuerdo. Pero Gervasio viene aquí todas las tardes y hablamos. Le doy sus cocadas, sus bocadillos, sus chifles, su natilla con queso de cabra.
-Pierdes tu tiempo, abuee..., aunque están bonitos tus geranios y tus claveles.
De pronto la abuela se ofende. Dispersa al gato negro de la vecina que se ha trepado por el muro trasero de la casa. Y me sigue recriminando.
-¿Cómo, muchachito, ya no te acuerdas, de Gervasito, cuando te hiciste la vaca y se fueron a bañar al río, y el pobrecito se ahogó?. ¿Ya no te acuerdas, seguro?. Tú tuviste la culpa, muchacho zamarro, me coge la cabeza, acariciando mis cabellos negros.
-Si me acuerdo siempre de eso abuela…
-Ya ves Gervasito, te acuerdas. Mira cómo ha crecido Telesforito.
Y mi primo Telesforo se mira los zapatos recién lustrados con betún negro. No quiere ensuciarse los zapatos con la tierra del jardín.
-Esta siempre hermoso tu jardín, Abuee...
-Claro, dice, la abuela, con lo que me cuesta cuidarlos a ustedes, y el jardín.
-Mi abuela está loca –dice Telesforito-.
-Te estoy escuchando, muchachito malcriado, crees que estoy sorda. Ni loca ni ciega como para no darme cuenta que eres un incrédulo.
Pero quiero que sepas, repite, que estas flores no se las regalo a nadie…. Son para la tumba de Gervasito.
Mi abuela hace un ramo de flores lindas. Me agarra del brazo. Anda –me vuelve a decir-, lleva este ramo de flores al cementerio, lo pones en la tumba de tu primo Gervasito. No te olvides, que fue por tu culpa que se murió. Tú fuiste quién lo inquietó para ir al río. Y las aguas se lo llevaron.
-Y aquí están las flores, Gervasito, que te manda la Abuee...
Y hasta la próxima semana, que espero te gusten, y que la abuela tenga más flores hermosas que mandar, y yo pueda seguir esquivando el tren que viene de Las Lomas. No me canso de saltar por estos rieles de la línea del tren.

Del libro: "Los pobres diablos".

martes 18 de agosto de 2009

COMO UNA VISIÓN

martes 4 de agosto de 2009

ESTAS POBRES IMÁGENES/ ARMANDO ARTEAGA

ESTAS POBRES IMÁGENES

Por Armando Arteaga
Pza. de Armas de Trujillo. Foto: F.Hidalgo.
ESTAS POBRES IMÁGENES
arrojadas por la calle
tuertas, cojas, pordioseras
vienen en cada gesto y nada
las detiene, ni la insolencia
desprendida de los bares
entre esperas, baladas y cervezas
llevan esas cadencias de amantes
que las hacen célebres y nos lastiman,
recorren las chabolas, las páginas mejores
de una novela y mueren,
pero nos dejan el dolor de una uña partida
tan crueles, que nos anuncian
atroces pensamientos en la piel
en la mirada,
como oscuros designios
que nos vuelven, a lugares no vistos
en el mismo baile, en el aroma
de la hierba
presagio, o álamo que cae
por el hacha del fuego,
van en el ave más libre y la insistencia,
ciegas, paralíticas, obscenas
así como son,
tan despiadadas vienen que un día
se transforman en el pulóver,
en las nalgas
de una muchacha, o en el tranvía
que alguna vez reconocemos
entre afiches de reloj-pulsera Seiko
y muebles 501
de cosas que envejecen pronto,
el zapato en la mierda, oh poesía.

Del libro: "Avistar".

lunes 20 de julio de 2009

ICEBERG DE HIELO NEGRO/ ARMANDO ARTEAGA

FICCIÓN BREVE

ICEBERG DE HIELO NEGRO

Por Armando Arteaga

El hombre apareció en la naturaleza
y ahora empieza a desaparecer en las ciudades.



En 1969, Cleaver era un muchacho negro de la calle Malambo que participó en un asalto a un banco. Fue condenado a 13 años de prisión.

En el 76, luego de haber observado buena conducta en la cárcel, fue amnistiado y se le otorgó libertad condicional. El gorrión, o el conejo, se escapó de la jaula. En prisión Cleaver había leído versos y novelas. Ya no era el agresivo rebelde sin causa, sino había aprendido el arte de conversar y a discrepar. Pero Cleaver, una noche de farra, al salir de un callejón sin salida de Francisco Pizarro, en el Rímac; fue acribillado a balazos por un matón de otro grupo que no aceptaba la readaptación social que a Clever le parecía una cosa sensata.

Muerte. Oscuridad. Cosa sensata. Zen. Satán. Fatalismo: expresión de un azar ciego. El libre albedrio, ya lo dijo Aristóteles: “la virtud, igual que la maldad, está en nuestra decisión”. Este “casualismo” de Cleaver, o causalidad cáustica de su vida, no es ficción, sino exigencia de su inquietud. Los actos humanos no están exactamente explicados. Muchas veces no entendemos sus verdaderas causas, no vemos su real origen. Sólo los entendemos en sus manifestaciones, por lo que ni podemos justipreciarlos.

Llamamos “causalismo” (aceptando el neologismo) a la manera como se realizan gran parte de nuestros actos; al por qué y cómo se realizan nuestros actos conscientes o inconscientes. Todo fenómeno de la naturaleza es el efecto de una causa, igualmente todo acto, hecho, suceso, o estado individual o social, constituye el efecto de determinada causa.

El caso de Cleaver es asunto de “causalismo”. Los hechos humanos son efectos no aceptados de determinadas causas, que originalmente tuvieron otro propósito, y que, al producirse, se trasmutan a su vez en causas de otros efectos. Pero, al que no crea así como yo…, le recomiendo leer algo de “teoría de probabilidad e inferencia estadística”, no sirve de mucho para aclarar el tema, ni las leyes de Demorgan, ni el “producto cartesiano de eventos”, ni el “teorema de probabilidad total”*, ni el “teorema de Bayes”. Supongamos ahora que el conejo escogido aleatoriamente, se ve que es blanco. ¿Cuál es la probabilidad de que provenga de la jaula?.



Problema matemático…, que me acompañó en varios insomnios, en mis noches de estudiante universitario, pero cuya respuesta nunca me ha servido para entender la muerte de Clever.

Causa es todo lo que produce un efecto. No existe, pues, fenómeno sin causa; y es esta relación de observación la que permite la investigación científica, mediante la elaboración de leyes. Este “teorema de Bayes”, no demuestra tampoco la causalidad de la vida de Cleaver, fue un asunto abstracto que no me ha dejado dormir varias noches en mi vida adolescente, mientras la ciudad dormía su propio sueño urbano.


*PROBLEMA: En un laboratorio hay tres jaulas. En la jaula I hay dos conejos pardos y tres blancos, la jaula II tiene 4 conejos pardos y dos blancos, y la jaula III contiene 5 conejos pardos y 5 blancos. Se selecciona al azar una jaula y se saca un conejo aleatoriamente de esta jaula. ¿Cuál es la probabilidad que el conejo escogido sea blanco?.
Solución:
Con el diagrama del árbol de probabilidades.
Sea el evento A: “salga un conejo blanco”.
RESPUESTA: 43/ 90.

Del libro ¨Los pobres diablos¨.

viernes 3 de julio de 2009

La Montaña de Horacio Hidrovo Peñaherrera/ Juan Félix Cortés Espinosa

La Montaña de Horacio Hidrovo Peñaherrera
Por: Juan Félix Cortés Espinosa

El destacado poeta ecuatoriano, Horacio Hidrovo Peñaherrera reconocido internacionalmente por su prolífica obra literaria, ha publicado el libro “La Montaña”, como un homenaje a su terruño que lo acogió para ser un auténtico creador de poemas y con el transcurrir del tiempo su palabra ha recogido el sentir de un pueblo amante de la naturaleza y de la vida.A Horacio lo conocen los campesinos del Ecuador y le expresan un cariño especial, tal vez, porque en su poesía siempre se encuentra el canto cristalino de sus montañas, de sus valles, de sus ríos y quebradas.Horacio Hidrovo Peñaherrera, nació en la ciudad de Santa Ana y que he tenido la suerte de conocer y pertenece a la provincia de Manabi; el poeta es profesor de Literatura y laboró en el prestigioso Colegio Nacional Olmedo, de Portoviejo y ahora recuerdo que en el año 1971 me invitó para participar en el Festival de La Lira y que se realiza en este colegio en el mes de setiembre, Horacio y su familia me hospedaron en su casa y conocí de cerca la generosidad del pueblo manabita e hice amistad con prestigiosos poetas del Ecuador, premiados y homenajeados por la calidad de sus creaciones poéticas.Actualmente el poeta de Santa Ana, es director del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad Laica, Eloy Alfaro de Manabi y se ha desempeñado como docente universitario en la cátedra de Literatura; anualmente la universidad organiza el Encuentro Internacional de poetas y concurren una buena cantidad de creadores de América.
SU QUEHACER POETICO ES AMPLIAMENTE
Entre los galardones que ha obtenido Horacio se pueden citar los siguientes: El Consejo Nacional de Cultura del Ecuador le adjudicó el año 2,000 el Premio Nacional “Benjamin Carrión” y en la década del setenta ganó el premio nacional de poesía “Pérez Pazmiño” que convoca todos los años el diario El Universo de Guayaquil, asimismo, fue candidato al Premio Nacional “Eugenio Espejo”Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas, en varias antologías nacionales e internacionales han difundido sus textos y como periodista escribe en importantes diarios y revistas de su país y del exterior, es invitado a congresos y encuentros de poesía que se efectúan en Europa y América y ha recibido distinciones, condecoraciones y homenajes de importantes instituciones culturales, municipalidades y universidades.
La Montaña de Horacio Hidrovo Peñaherrera.
LA MONTAÑA ES UN CANTO A LA NATURALEZA
Los poemas que hemos leído, tienen un mensaje y un contenido y están revestidos de un profundo amor y compromiso con la montaña, espacio vital donde habitan los animales, las plantas y el hombre que transforma su vida cada día y los ríos que traen el agua para continuar con la existencia, el lenguaje que utiliza Horacio, es el perdurable, la belleza y el encanto nos conmueve y nos identificamos plenamente con sus sentimientos, con su compromiso vital y sobretodo con la naturaleza directa y hermosa, Horacio es un poeta experimentado, lleno de vivencias, de viajes, ha conversado siempre con la naturaleza, ha defendido su magia, conoce las lluvias torrenciales, a los campesinos de su pueblo, ha sabido unir la historia del pueblo con la majestuosidad de una ecología que lo atrae y lo enamora desde niño, porque a temprana edad tocó la tierra húmeda de la montaña y supo los horarios de los pájaros cuando cantaban con la libertad absoluta ee3 una naturaleza que está perenne y cariñosa, Horacio con su poesía rescata el valor y la presencia de la montaña que vio nacer a sus ancestros, creemos que este libro es fundamental para ingresar a la ternura de una geografía donde la montaña es fuente energía renovable y de grandeza perdurable.
Horacio Hidrovo Peñaherrera, en la montaña tiene su casa museo y todos los días la visitan sus pájaros de Santa Ana, sus compatriotas, sus amigos extranjeros, y sus poemas que siguen cantando a los truenos, a los aguaceros, a sus antepasados que siguen caminando entre sus cosas.