sábado, 5 de mayo de 2018

VISIÓN / ARMANDO ARTEAGA


VISIÓN / ARMANDO 



Tengo la convicción
de que la forma del universo
se parece al fondo marino de un mar
cristalino, a un vaivén de algas
desafiando la fuerza hidráulica
de un sentimiento gitano
enfrentando a un bulldozer
tumbando viviendas blancas perfectas.





miércoles, 29 de noviembre de 2017

LA CARTELERA DEL TIEMPO / ARMANDO ARTEAGA




LA CARTELERA DEL TIEMPO / ARMANDO ARTEAGA


Hacia la calle, el sol con bufanda, era invierno 
                             y hacía frío, que se derretía, frío-ooo
freir huevos, el muy huevón, un verano 
             después, en la vereda caliente, 54 grados Celsius , de puro asado.

                Un hombre con sobretodo francés lee un aviso publicitario:


CARTA METEOROLÓGICA Y PRONÓSTICO 
DEL TIEMPO. 



lunes, 9 de mayo de 2016

OTRA VEZ \ POEMA DE ARMANDO ARTEAGA


 POEMA DE  ARMANDO ARTEAGA





 OTRA VEZ   


 Vive este amor
Muere por este amor
Aunque no te quede nada
Vive y muere por el amor

Tú eres un enamorado
Recuérdalo siempre
Tú eres un poeta
Estamos aquí
para transformar la vida

El tiempo ido
Tu amor perdido
Di tu palabra siempre
No olvides este presagio

Cuando seas piedra
Cuando el polvo de tu cuerpo
Navegando
Por los primaverales ríos
De la vida, vuelvas en otra piedra
En otro pez, en otra ave
Retornaras en tu palabra escrita
Volverás nuevamente a este amor
Por eso, y por todo lo vivido
En el duro trajinar de la experiencia
Vive y muere por tu amor perdido

Te convoca –otra vez- mi palabra
Mi tiempo ido
Mi amor sufrido
Estas aquí para soñar
Para vivir y morir el amor.










lunes, 2 de diciembre de 2013

El hombre que se bebía todas las cervezas de los bares / Armando Arteaga

El hombre que se bebía todas las cervezas de los bares / 
Armando Arteaga




Pilsen no solo era un plúmbico novelista sino también un excelente bebedor de cerveza.
Se levanta desde muy temprano a joder.  Se le siente desde su cuarto del hotel Europa que da frente a la ventana de mi cuarto y pasa horas de horas dándole suavemente, al traqueteo de la máquina de escribir.
Así es todos los días hasta las tres de la tarde en que descansa para almorzar y se marcha al bar a beber cerveza. Empieza sentándose en la última  mesa del Tívoli.  Bebe solo y pausadamente su cerveza.  Mira la calle melancólicamente, termina una a una cada botella y juega delicadamente con el vaso de bohemia y letras como apostando  la vida. Nada le entusiasma, solo el paso de las mujeres. Desde esa caja de cristal que es el Tívoli alarga el cuello como ganso cada vez que aparece en el encuadre de la calle algo que le entusiasme. Una mujer, otra mujer, otra mujer.  Así son los días de Pilsen mientras escribe echando humo con la pipa, tabaco Amphora, sabe diantre pensando en qué país exótico, y que después describirá en sus novelas farragosas, plúmbeas, arrogantes e ingenuas, páginas tras páginas.
La otra noche, con la curiosidad de periodista que tengo desde los veinte años y con la experiencia de haber trotado gran tiempo por varias redacciones de periódicos diversos y en diversas partes de este globe trotter, mejor dicho. con el arte del enamoramiento, he tratado de convencer a Pilsen cada vez que miraba hacia la calle y aparecía por allí en un gran plano una Hayworth magnífica, de que la vida es perpetua, la vida vale, so cabrón.
Pilsen amable ha respondido a mi llamado de atención con una sonrisa y alzándole mi vaso de cerveza desde mi mesa, he festejado cada buen acontecimiento de la calle, tratando de ignorar que el tiempo pasa cruelmente y que soy lector anónimo de las novelas  de este escritor misógino, que estudia a las mujeres que pasan por el cinema de La Colmena en cada detalle que ya podría uno imaginarlo como un pintor de La Neuve Renaissance.
Pero cómo es que Pilsen, iritis, que se entusiasma tanto por la belleza de la mujer peruana y escribe ahora una novela sobre el Perú es un ser desdichado y solitario.  No era  lógico que este novelista de enorme audiencia que siempre termina una novela en: “Oh, muchachos, todo es una fiesta”, y que escribe con minuciosidad y regodeo de hipopótamo, ande en penumbras.  Lo he comprobado la otra noche en que en un inglés casi inadvertido para mí, me ha hablado de su barrio de Clerkenwell, del padre bretoniano asesinado por los nazis, del final de su último bestseller en el que un agente de la F.B.I. termina encontrándose en una isla solitaria a una muchacha sola y desnuda pintada en oro, me ha dicho además que siempre se ha sentido desdichado y desolado, que lo único que le interesa en esta vida es escribir, y que de no existir la literatura y el periodismo, ya se habría suicidado.
Pilsen es una persona destructiva, se mete al cuerpo todo lo que puede, cualquier droga: cocaína, hashich, opio. No es sólo la droga lo que aniquila a Pilsen, iritis, vive ‑discretamente‑ en  el martirio de San Sebastián.   No sé por qué, pero Pilsen, ha entendido que soy lo suficientemente desinhibido y sincero como para allí nomás lanzarme el amistosamente ¿Me entiendes?, que soy amplio y el primer lorcho que ha descubierto en esta ciudad desbordada, ritual y esquizofrénica, que puede comprender sin dejar de ser machista culturalmente, iritis, su problema de homosexualidad, que lo carcome en las noches, pues en la claridad del día , sólo vive para escribir, y a lo mejor para  atormentar a sus despistados lectores.
Inútil, todo gesto vacuo, aunque en el vals tengo el orgullo de ser peruano, un gato negro cruza la calle, y soy feliz, menchica, en el Newsweek viene la mala noticia, de haber nacido en esta hermosa tierra del sol, joder con este gringo novelista, donde el indómito Inca, fumo un Inka, fumo un Camel. prefiriendo morir, puta madre, qué pendejo, colgarse de una soga, sin escribir una palabra, ni un adiós a las armas, debe ser cojonudo, gringo, porque aquí en el Newsweek, la sangre chorrea en la fotografía de la primera plana, en la novela de la vida, legó a mi raza, loquete y escritor, la gran herencia de su valor, hasta siempre, gringo viejo, perulero, borrachón.

Harto de la vida, huevón, sin  happy‑end.


Del libro: "Cuentos de cortometraje" (2002)


lunes, 30 de septiembre de 2013

EL CORRECTOR DE PRUEBAS / ARMANDO ARTEAGA

MICRORRELATO

Imagen: Luis Armas

Ars brevis





EL CORRECTOR DE PRUEBAS * / ARMANDO ARTEAGA

El poeta Martín Adán pasó los últimos días de su existencia acostado en una cama del Albergue Canevaro en el Rímac, vecindario de la Alameda de Los Descalzos.

Martín Adán todos  los días en las mañanas, después del desayuno, se volvía acostar en la cama, la enfermera le reclinaba la cama para que empezara la rutina del día: su lectura atenta de una Biblia con una enorme lupa. La Biblia de Jerusalén (1ª edición española de 1967). La traducción original francesa que fue realizada bajo la dirección de L’École Biblique de Jerusalén.

Este gesto casi excéntrico del poeta, sorprendía siempre al portero versta del Albergue, que una incierta mañana se acercó a la cama del poeta y le preguntó:
-¿Veo que Ud. es muy creyente, siempre leyendo la Santa Biblia?.
-No soy creyente –le respondió Martín Adán, al portero-.
-¿Entonces porqué lee tanto la Biblia? –insistió el sorprendido portero-.
-Le busco errores ortográficos –le respondió Martín Adán-. Ya le voy encontrando 22 errores ortográficos y 7 fe de erratas.




*Del libro “Los pobres diablos”. Premio Internacional de Relatos Cortos 2010. Ayuntamiento de Tarragona. Cataluña.  España.

lunes, 9 de septiembre de 2013

ASESINO CON PARAGUAS Y AMANTE DE VESTIDO BLANCO / ARMANDO ARTEAGA

Ars Brevis


MICRORRELATO

ASESINO CON PARAGUAS Y AMANTE DE VESTIDO BLANCO
(e: LIMA,  t: 1952)

Por Armando Arteaga

El asesino siempre vuelve al escenario del crimen.   La mujer quedó atónita mirando la calle desde la mesa principal de la ventana del Café Goyezcas.  ¿Vuelves a mí?  ¿Por qué? Vuelves a mí, traidor, corazón delator, llevó la flor roja a la izquierda, en el pecho de mujer. El asesino siempre vuelve al escenario del crimen. El asesino X, Y, Z…, sus fotos, arrojadas sobre el escritorio del detective.   ¿Cual de los tres?  Y…,  mira también la calle vacía de autobuses, el último tranvía da su última vuelta sobre la Pza. Sn. Martín.  Z… cancela la cuenta y duerme su venganza,  cruza la calle. No se acuerda nada. Prepara el revolver.  Desiste.  No se anima a consolidar el crimen perfecto. Busca entre sus bolsillos el número del teléfono, marca el número y llama desde el teléfono público, a lo Lino Ventura, tengo el tiro al blanco, confiesa a su interlocutor.  Tengo la dirección exacta, estoy en el Goyezcas. ¿Para otra vez será?  No soy un simple sicario, soy amante de las buenas costumbres.  No me gusta el escandalo –piensa X-.  Soy la incógnita, la clandestina, la manzana de la discordia, la que guarda el botín del banco.  Para otra vez será.  Le falta montaje a este texto, a esta calle, al escenario del crimen.  No soy un simple sicario a sueldo de un corazón podrido.  No. El travelling es hacia la derecha, de allí le dispararon.  No soy un desalmado hombre sin corazón.  Arruga el papel con la dirección, con el número exacto del teléfono para el crimen perfecto.  Papel arrugado tirado al tacho de la basura.  Será para otra oportunidad.  Le dio en la flor roja de su pecho a la mujer, a la misma mujer, a la amante mujer, al menos, eso cree, el pobre diablo.