lunes, 9 de marzo de 2009

LA NARRATIVA MODERNISTA EN ANCASH/ ARMANDO ARTEAGA

LA NARRATIVA MODERNISTA EN ANCASH

Por Armando Arteaga

Desde el lado más remoto de la historia, la Región Ancash es dueña de una increíble riqueza literaria, pero no descubierta aún por estudiosos del tema y menos por sus nuevos posibles lectores. La literatura en Ancash es bilingüe: en quechua y en castellano.

Las narraciones épicas nos han dejado en la tradición oral personajes como el “Ichic Ollco”, el “Katekilla”, y el “Warakuy”, seres mitológicos andinos que están en el imaginario popular, toda una cosmogonía llena de una fantástica belleza, de mitología, y de magia. Arguedas recogió en Vicos un mito quechua poshispánico sobre el origen del hombre contado por un anciano: el mito de Adaneva.

La “tradición” literaria ocupó también el interés de varios escritores ancashinos, desde el maestro Ricardo Palma que dedicó un episodio ubicado en la Villa de San Idelfonso de Caraz: “Las tres etcéteras del Libertador”, y “A muerto me huele el godo”: un caso cuasi policial sucedido en Huaylas.

En la apertura de la “modernidad”: Huaraz va a ser centro de irradiación cultural nacional y cosmopolita donde se da gran actividad periodística y literaria. Después de la frustración de la Guerra del Pacifico y del momento agitado que animó la presencia literaria del anarquismo de Manuel González Prada. Nuevos aires buscaron las inquietudes literarias de la nueva generación que tuvo en la revista “La Juventud de Ancash”, una visión diferente para hacer las cosas y para la adecuación representativa del tema literario. 1888: es un año clave para entender este proceso de apertura literaria, no solo en la poesía, sino también en el cuento modernista. Se publica este libro “raro” llamado “Azul” de Rubén Darío, sumo pontífice del “Modernismo Literario en Hispanoamérica”.

Antonio Cornejo Polar en “Literatura en el Perú Republicano” (1981) describe en buena parte este momento literario, que no siempre llegó tarde al país: “Frente al desaliño o cortedad imaginativa de los costumbristas o realistas, frente a la instrumentalidad manifiesta de sus obras, los cuentos modernistas se postulan -primariamente- como obras de arte y proyectan para sí y sobre otras manifestaciones prosísticas una jerarquía que hasta entonces parecía exclusiva de la poesía. De otra parte, en oposición al imperio indiscutido del referente en la narrativa anterior, y a su consecuente afán mimético, el cuento modernista privilegia las categorías imaginarias e inserta en ellas la realización de su condición estética. También en contradicción con las normas hasta entonces vigentes, el cuento modernista peruano gusta romper los límites de la alusión nacional, a veces cerradamente regional, para intentar una universalización que en algunas ocasiones se tergiversa en un artificioso cosmopolitismo. La suma de estas notas hace ver que entonces se realiza una profunda renovación, de trascendencia indiscutible, en un sector capital de la literatura del Perú”.



La apertura literaria del cuento modernista en Ancash empieza con la ruptura de la descripción imprecisa de la “tradición”, como género literario, para entrar en una propuesta de mayor capacidad descriptiva de la realidad, y con un aporte técnico literario de mayor nivel significativo, cuando el cuento asume indiscutible calidad artística y literaria.

Justo Fernández en su ensayo “Los valores de la literatura en Ancash” (1962), y en su “Antología de Cuentistas de Ancash” (1948): que es el más remoto esquema de estudio de la narrativa ancashina, propone una reflexión acertada sobre el desarrollo de esta narrativa. Es la primera actitud “critica” sobre este asunto estilístico para ordenar un estudio serio sobre el cuento en Ancash, aún sin distinguir tendencias ni escuelas.

Otro aporte –aparte- que merece reconocimiento, aunque es algo más tardío, es la propuesta de Mauro G. Mendoza y su “Ancash: Tradiciones y Cuentos” (1958), pero que ayuda a precisar y a estudiar con mayor rigor este panorama de la narrativa ancashina donde se expresa esta tendencia de la narrativa modernista.

Con Celso V. Torres empieza la espontánea “modernidad” de esta “narrativa modernista” en Ancash, introduciendo el planteamiento de las matemáticas y la contabilidad mercantil en la narrativa. Celso V. Torres n. en Huaraz (1859-1918). Amigo y asistente literario de Ricardo Palma, mantuvo una relación epistolar con el tradicionalista. Publicó: tradición, cuento y poesía, además de ejercer el periodismo. Su producción literaria se encuentra esparcida en las olvidadas páginas de “La Prensa de Huaylas”.

Víctor Manuel Yzaquirre n. en Huaraz (1863-1897). Publicó su libro “Fuego Graneado” (1892). Escribió con el seudónimo de “Gambeta” y publicó en la revista “La Juventud de Ancash”, tiende al costumbrismo y al regionalismo. Yzaquirre abre camino hacia la modernidad dentro de la literatura ancashina, es un minucioso observador de su tiempo. “Fuego Graneado”, o sus diez novelas cortas de costumbres, tienen un valor documental y de desarrollo pictórico dentro de sus escenas literarias que esgrimió.

Aurelio Arnao n. en Huaraz (1868-1940). Escribió: cuentos, novelas, cronicones. Destaca sobre los demás, su libro: “Cuentos Peruanos” (1939). Aurelio Arnao es un diestro narrador y maestro de la narración terrorífica en el Perú. Nadie como él ha llegado tan lejos en los atributos de este genero de ficción tan moderno y cosmopolita.

José Ruiz Huidobro n. en Vicos-Carhuaz (1885- 1945). Publicó: poesía, cuento, novela: “Sendas Inholladas” (1917), “Aquel Panfletario” (1926), e “Historia de un dolor” (1917). Huidobro despierta los primeros instantes de aquel impulso urbanístico-narrativo de la ciudad de Huaraz, otra apertura sincera hacia la modernidad.




Ladislao F. Meza n. en Huaraz (1893- 1925). Escribió: cuentos, teatro, novelas, e hizo periodismo en Lima y Ancash. Publicó en “El Comercio” y en “El Tiempo”. Entre sus crónicas noveladas más recordados tenemos: “Maria Soledad” (1924), “Vidas Grises” (1925), y “Un hombre fuerte” (1926), algunos de sus destacados cuentos se publicaron en la revista “Mundial”. Periodista, dramaturgo, comediógrafo, fue un escritor de particulares cualidades literarias: superó los límites del regionalismo. Puso en escena obras como: “El Tablado de los Miserables”, y “La Ciudad Misteriosa”, “El Demonio llega”, “Padres Malditos”, “Los lirios rojos”, “Safarrancho de combate”, “La Feria de Arlequines”, “No es nada lo del ojo”, “La Novia de Todos”, “La estatua que venció el amor”, : “Las piedras del camino”, : “La miseria del triunfador”, “Castillo de Melancolía”, y “La vida al rojo”, ”,

José Manuel Tapia n. en Huaraz (1869-1909), profesor de matemáticas, fue un émulo narrador. Su obra está desperdigada en periódicos y revistas de Lima, Huaraz y Tacna. Publicó en la revista “La Neblina” de Chocano.

Se puede incluir también en esta reseña los nombres de autores a posteridad de la ínfula literaria modernista en Ancash, ellos son: J. Eugenio Garro (n. en Chiquian ¿-?), Alejandro Tafur Prado (n. en Huaraz 1901-?), David T. Yzaguirre (n. Huaraz. 1907-?), Octavio Araya Soto (n. en Huaraz ¿-?), Teófilo V. Méndez (n. en Huaraz 1895- 1954): escribió cuentos fantásticos a la manera de E.A. Poe, y Antonio Alba Barrenechea (n. en Huaraz, 1895-1954): tal vez el más modernista por su libre ornamento, y literariamente hablando, de todos los modernistas ancashinos.


No en vano, Francisco Mostajo, al reclamar atención para con los escritores modernistas arequipeños, en “Pliegos al viento”, definió muy bien este temperamento que denostarán los escritores modernistas provincianos contra el centralismo limeño, y que a lo mejor, dejando exaltar en los ¨metropolitanos¨ una mueca de desden. Nada más que la realidad, toda la realidad. Los modernistas provincianos hicieron obras del tiempo, del estudio y de la realidad. Añadiría también que de bohemia, y algo de malicia. Mostajo le puso fecha a su bandera del modernismo para flamear en el torreón de la literatura peruana: el año 1898. Mostajo nos mostró el espíritu de ruptura del modernismo con su respectiva época, del modernismo “provinciano”, al referirse al sur peruano, por ejemplo: “páginas de insolencia literaria (así las llamarán los más clementes) páginas de reto a todos los convencionalismo de esta sociedad educada por beatas y dirigida por freiles páginas que serán un escándalo en medio de la moral de hipócritas que, condicionada por el catolicismo, cubre, en Arequipa, el basurero de pecados de pueblo chico”.

El modernismo ha visto el crepúsculo vespertino del siglo XIX y la aurora del siglo XX, aseguró Domingo Martínez Luján. Vale también la reiteración y la reivindicación literaria que propone Raúl-Estuardo Cornejo en su estudio “La prosa literaria en el Perú del Modernismo al Neo-Realismo” (1964): “Todo este modernismo se halla aún desparramado en las páginas de una variedad de publicaciones, cortas de vida, pero jugosas de contenido”. Huaraz vivió también parte de este desenvolvimiento cultural, no podemos omitir algunas de estas páginas literarias excelente que nos han legado algunos de estos escritores ancashinos que he nombrado. Dejo allí esta propuesta como un desafió. Raúl-Estuardo Cornejo ha inventariado más o menos las siguientes revistas: Modernismo (1964), El Lucero (1903), Actualidades (1903), Prisma (1905, Variedades (1908), Cinema (1908), Contemporáneos (1909), Ilustración Peruana(1909), La revista (1911), Balnearios(1910), Cultura (1915), Colónida(1916, Mercurio Peruano (1918), Stylo (1920), Sud-América (1916), La Sierra(1920), Hogar(1921), Amauta(1926), Letras (1929), y varias más. Sin incluir aquí los periódicos de la época de las diversas regiones del interior del país. Huaraz, pequeña aldea entonces, estuvo y vivió: dentro este proceso cosmopolita del modernismo literario.

Bibliografía:
-José María Arguedas: “Mitos Quechuas Pos-hispánicos”. Amarú: Revista de Artes y Ciencias. UNI. N-3. Lima, Julio-Septiembre, 1967.
-Pbro. Santiago Márquez Zorrilla: “Huari y Conchudos”. Monografía. Segunda Edición. 1965.
-Marcos Yauri Montero: “Ganchiscocha”. Talleres Gráficos P.L.Villanueva, Lima, 1961.
-Marcos Yauri Montero: “Warakuy, Nuevas Leyendas Peruanas”.Imp. Minerva, Lima, 1967.
-Marcos Yauri Montero: “Ancash o la Biografia de la Inmortalidad” P.L. Villanueva, Lima, 1972.
-Antonio Cornejo Polar: “Historia de la Literatura del Perú Republicano” Editorial Juan Mejia Baca. 1981.
-Justo Fernández: “Antología de la Tradición y la Leyenda Ancashina”.Huaraz, Ediciones Nueva Era, 1945.
-Justo Fernández: “Antología de Cuentistas Ancashinos”, Huaraz, Ediciones Nueva Era, 1948.
-Mauro G. Mendoza: “Ancash: Tradiciones y Cuentos”. Ediciones Peruanos S.A. Lima, 1958.
-Félix Álvarez Brun: “Ancash Histórico”. Ediciones Peruanos S.A. Lima, 1958.
-Aurelio Arnao: “Cuentos Peruanos”.Empresa Editorial Rimac. Lima, 1939.
-Alfonso Ponte González: “allá sobre los Andes”. Cuentos. Imprenta Rimac. Lima, 1952.
-Ernesto Reyna: “El Amauta Atusparia, la sublevación indígena en Huaraz en 1885. Lima. Editorial Minerva. 1930.
-Alberto Carrillo Ramírez: “Luís Pardo “El Gran Bandido””. Lima, 1967.
-Artemio Ángeles Figueroa: “Yungay Tierra Mía”. Talleres Gráficos de la Tip. “L Ferrocarril”. Lima-Perú. 1954.
-Francisco González: “Huarás, visión integral”. Ediciones Safari, Huarás-Perú. 1992.
-Alberto Gridilla: “Huaraz o apuntes y documentos para la historia de la ciudad”. Huaraz. Tipografía “La Época”, 1933.
-Francisco Mostajo: “El Modernismo y el Americanismo”. Tesis para optar el grado de Bachiller en Letras. Imprenta de la Revista del Sur, Arequipa, 1896.
-Francisco Mostajo: “Pliegos al viento”. Ediciones Populibro. Universidad San Agustín de Arequipa, 1958.
-Raúl-Estuardo Cornejo: “La prosa literaria en el Perú Del Modernismo al Neo- Realismo”. Revista “Educación y Letras”. N-3. 1964. Universidad Nacional San Luís Gonzaga de Ica.



*Ponencia presentada por Armando Arteaga en el XVI ENCUENTRO DE ESCRITORES ANCASHINOS “JULIO CESAR POZO CUEVA” MARCA-RECUAY-ANCASH-PERÚ. 26-27-28 Septiembre 2008

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