LA ÚTOPIA DEL LENGUAJE EN LA POÉTICA DE JUAN RAMÍREZ RUIZ POR ARMANDO ARTEAGA*

Empecé a ser amigo de
Juan Ramírez Ruiz
(Chiclayo, 1946-Trujillo, 2007) desde los primeros instantes de los
recitales del Movimiento Hora Zero en la Biblioteca Nacional. Nos
hicimos amigos desde siempre, y para toda la vida. A Juan Ramírez Ruiz
(por designio de Elías Durand y/o José Cerna) le llamábamos
juguetonamente “el adolescente tierno” de la generación del 70. Era Juan
Ramírez Ruiz un alguacil lleno de albricias para la poesía, siempre
dispuesto para la conversación inagotable, donde la sindéresis
intelectual viajaba “Urbi. Et Orbis.” rodando en el mismo sentido de la
esfera de la vida: llena de extraordinarias complicaciones. Con él,
siempre había un tiempo nuestro para la disertación de cualquier tema
que nos apeteciera abordar, así sea metidos en algún café nocturno de
mala muerte del centro limeño, donde una cena lezamesca nos esperaba
para vencer el asma de las horas -por venir-, allí una oscura pradera
nos convidaba en sus manteles el pobrete vino de la literatura y de la
poesía, mientras como alquimistas –plúmeos- buscábamos el ámbar del
poema perfecto: vagabundos al alba.
Lo veo todavía a Juan Ramírez
Ruiz, siempre amplio, listo para la tertulia literaria, con sed
infinita de espacio, buscando el debate profundo de las cosas.
Desbordando esa fuerza de nuestros -impetuosos, jóvenes y rebeldes- años
de los inicios literarios, donde toda hazaña, en honor a la poesía, era
una fiesta. Diletante, irreductible, sereno, y paciente, inventor de un
lenguaje muy especial y articulado, listo para derrumbar cualquier
detalle superficial de la razón humana (que todo lo uniformiza),
impecable espartano para la utopía del lenguaje, guerrero contra las
inconveniencias sociales al descubrir algún detalle inconcluso que
negara el brillo de la inteligencia, y que en cualquier caso, nos
volviera contra la estupidez humana, para enfrentarla siempre: frente a
frente, porque estábamos en contra del establishment.
Juan
Ramírez Ruiz anhelaba ser un poeta “casi” perfecto, tal como él se
imaginaba debería ser “el gran poeta perfecto”, para escribir el gran
libro de la poesía latinoamericana. Era, también, el intelectual, que
estaba por encima de las pocas mezquindades triviales que muchas veces
nos trae la vida, y sabía de tempestades como Holderlin, cuando citaba
esta parte del Hiperión: “Te diríamos que estamos aquí para desembarazar
la tierra de todo lo que le estorba, que quitamos las piedras de los
campos, deshacemos los duros terrones con la azada, labramos el suelo
con el arado y arrancamos las malas hierbas, las cortamos de raíz, las
arrancamos de raíces para secarlas al sol”. Poeta, de una resistencia
norteña muy especial, quiso siempre ser coherente con la lógica de su
propia obra poética, que desde ya, puede uno empezar a entender cómo es
qué, Juan Ramírez Ruiz, inició este aporte de “lo sistémico” para el
manejo de esta utopía del lenguaje que motivó toda la arquitectura de su
escritura, y de las diversas inferencias que desarrolló en el lenguaje
poético que utilizó, para la construcción y la creación de sus propios
poemas. Volviendo a Holderlin sabía que: “los signos son desde las
edades lejanas el lenguaje de los dioses”.
La
poesía de Juan Ramírez Ruiz ocupa tres etapas, donde la utopía (esa
república imaginaria, plan, proyecto, doctrina o sistema) del lenguaje
(ese método exclusivamente humano, y no instintivo, de comunicar ideas,
emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de
manera deliberada) es la preocupación esencial, donde la poesía aparece
como un cuerpo robusto en el “texto” absoluto de manera integral.
.

En
la primera etapa, de su libro “Un par de vueltas por la realidad”
empieza la apertura de las primeras ideas sobre “El poema integral” y el
planteamiento de las ideas marxistas que defendió, y que tanto
entusiasmaron su primer accionar como poeta integrante del Movimiento
Hora Zero. Fiel al manifiesto: “Palabras Urgentes”, cuestionador sincero
del controvertido panorama de la poesía peruana del siglo XX. En “Un
par de vueltas por la realidad” está lo explosivo del verismo de su
lenguaje que capta de la realidad social: el poema, el cuadro, o la
partitura, de lo áspero de la vida. Su lenguaje es confrontacional:
“nosotros creemos que el arte, la poesía, abre ríos, levanta montañas,
transforma a los individuos y es la potencia luminosa, el indestructible
vigor, la vitalidad más alta”. Tal era el sentimiento de absolutismo
que tenía nuestro poeta por la poesía. En “El jubilo” de su postura
poética, celebra y marca la expresión más sincera de su lenguaje
poético. Los “signos de rotación” van definiendo con mayor claridad los
escenarios sociales y los tiempos vividos por los personajes
caracterizados que el poeta describe o exalta. En el poema “¿Quien
vive?” se expresa con eficacia lo histórico y lo filosófico que
significa el sentido de habitabilidad y de pertenencia hacia el lado
cultural inexplorado del país. Lo abrupto de la realidad está descrito
en cada uno de los poemas con un enorme conocimiento de la realidad
objetada, y con una aproximación realista. El realismo poético es el
arma para escrudiñar sobre ciudades, personajes, situaciones
incongruentes, y hasta desastres naturales y nacionales. Tiene un
contenido de provocación para lograr llamar la atención sobre lo
grotesco que suelen ser ciertos acontecimientos de la vida. Juan Ramírez
Ruiz sabía que se podía poetizar “todo” de la vida y de la realidad. La
teoría de “la poesía integral”, no era más que “hipótesis” para su
trabajo: “La vastedad y complejidad de la experiencia humana de este
tiempo es tal que no puede ser registrada cabalmente por una poesía
estrictamente lírica. Sólo la poesía que integre y totalice, que pueda
incorporar y ofrecer un válido registro de la experiencia de este
tiempo”.

En
la segunda etapa, de su libro “Vida perpetua”, en “Post festum”: viene
la tentación de la experimentación del lenguaje, es la preocupación
algebraica y geométrica de la “mise in page” de cada poema. Es el
desarrollo del lenguaje como un sistema funcional plenamente formado
dentro de la constitución psíquica o “espiritual” del hombre, para ir
hacia la poesía total e integral. El lenguaje poético de “Vida perpetua”
tiene su propio escenario: el hombre de la calle está siempre presente,
una enorme amplitud de voces invaden en anónimas aproximaciones el
contenido y la trayectoria de cada parte del libro. El idioma de la
irrupción poética es el patrimonio social que en un conjunto de palabras
reunidas le van dando sentido al significado y al significante de cada
“texto”, configurando una interdependencia: idea, imagen, signo, ruido
acústico. La escritura en “Vida perpetua” es el aporte más importante
del poeta, pero gana siempre también el sentido del hablar. El lenguaje
funciona como institución y es un instrumento para la comunicación. El
poeta hace hablar en un tipo de personaje-hombre lo que él quiere
expresar para trascender. El sentido de la palabra es lo que más
importa. El aporte de Saussurre en la poesía de Juan Ramírez Ruiz es
porque se acepta que “el lenguaje tiene un lado individual y un lado
social, y no se puede concebir el uno sin el otro”. La poesía al abordar
también el lenguaje desarrolla lo poético como un sistema establecido y
le otorga el sentido de la evaluación de lo social en cada acto. La
poesía como lenguaje para comunicar se transforma en una convención y la
naturaleza del signo ayuda a la conformación de los significados, lo
articulado del lenguaje confirma siempre el destello de la idea. El
lenguaje, o la escritura, en la poesía como uno de los códigos que Juan
Ramírez Ruiz utiliza para expresar las propias convenciones de sus
ideas, a nivel de la comunicación es total y en varios niveles.
En
una carta que Juan Ramírez Ruiz le escribiera al poeta mexicano Octavio
Paz, que se publicó en la revista Plural (Septiembre, 1975) está
descifrada la clave de su experimentación referida a las múltiples
formas de su lenguaje poético, cuando abandona conceptualmente las
limitaciones de los inicios “marxistas”, para emprender una aventura
teórica con aceptada presencia de una reconocida influencia del
estructuralismo, de la lingüística de Ferdinand de Saussurre y de la
semiótica: como herramientas, y de sus gratas conversaciones con el
poeta y lingüista José Cerna, y con el noctámbulo Guillermo Mercado Jr
(hijo del legendario poeta del indigenismo poético arequipeño, hombre
culto y gran conocedor del estructuralismo francés y El circulo de
Praga). Si a veces la poesía de Juan Ramírez Ruiz cae en excesos de la
retórica estructuralista para desarrollar una escritura difícil
trasfiriéndole al poema su propia expresión semiótica, es porque la
comunicación es la preocupación más intensa, el intento por leer y
comprender con mayor amplitud y dar a entender con mayor complejidad a
los demás su verdadero punto de vista. Aquí, Juan Ramírez Ruiz se abra
con mayor énfasis con una fuerza centrifuga hacia la cultura de
occidente, veamos la inquietud que Juan Ramírez Ruiz le trasmite a
Octavio Paz donde utiliza el concepto de “probabilidad” matemática
usando en la matriz de una unidad lingüística:
“Seré breve.
Diré de inmediato lo que me motiva en mí este acto desacostumbrado.
Bien, el asunto es éste.: Una pequeña revista de mi país publicó el
texto** que estoy enviando; el silencio, el vacío en torno a él me
desafía, pero me niego a lo que me sugiere, docilidad, acatamiento. Esto
me empuja a escribirle estas líneas y a enviarle mi texto.
El
presente trabajo es una tentativa ubicada dentro de los esfuerzos de
sacar el poema de su contexto habitual, de crear para él un espacio que
sin dejar de ser autónomo se haga colectivo en la pluralidad de sus
significaciones. Y en la posibilidad de sus múltiples lecturas.
El
texto me sugiere la idea de instaurar estructuras flexibles, “textos
infinitos”, abierto en todas direcciones que liquiden la convicción del
inicio y el final del poema. A la vez, diría, que de esta manera se
afirma el principio de libertad. Es mas, de una libertad que se comparte
al ofrecer el texto para la producción de cualquier nuevo texto. Por
este camino, el poema se instituiría partitura, y la lectura un acto
creador objetivo “físico”.
Creo
que el nuevo texto producido (a partir del texto matriz) toma sus
distancias con lo meramente mecánico, puesto que el acto mental de
producirlo con lleva un ejercicio de voluntad responsable; la mayor
manifestación de lo lúdico. Me parece, también, que la “lectura”
propuesta por el texto matriz, ofrece una gama mayor de posibilidades de
una aventura creativa si es comparada con aquella que propone un texto
habitual.
Agregaría para pecar de entusiasmo, señalando objetivos
máximos por esta vía que este proyecto apunta hacia la desaparición del
lector en sus connotaciones actuales, hacia la desaparición de la
actividad no creadora. Y se une el intento de destrucción del mito de la
inmovilidad de la escritura.
Digo lo anterior porque creo que
también en la página, el mundo ensaya sus proyectos. Y porque la pagina
es la zona donde una persona ha de entregar anticipos de libertad tal
como usted lo ha planteado en uno de sus textos.Bueno, esto seguro que
para usted soy un desconocido. Mis datos son estos: tengo 28 años y un
libro de poemas “Un par de vueltas por la realidad” (1972). Y una negra
cabeza donde las ideas más obsesivas son las de ser libre, y la de vivir
inmerso en el trabajo de crear belleza con las palabras”.
.

En
la tercera etapa, buscando otras gramáticas, prosperó la poesía de Juan
Ramírez Ruiz en su proyecto último que publicó en su libro “Las armas
molidas”. Es una fuerza centrípeta que va hacia el rescate del sistema
de la escritura en la cultura del mundo andino y de lo amazónico,
difiriendo de la política idiomática asimilacionista de la republica de
las letras peruanas. Juan Ramírez Ruiz renuncia, por esta vez, a esa
fuerza centrifuga de encuentro con lo occidental que desarrolló en “Vida
perpetua” para ir a la otra fuerza centrípeta de ese otro encuentro
-más natural y con perfecto dominio de su poética- con lo andino y con
lo amazónico, buscando el verdadero rostro del país, plurilingüe y
multiétnico. Aquí, la poesía de Juan Ramírez Ruiz, el poema integral, le
abre las puertas a otras disciplinas como la antropología, la
filología, la gramática normativa, y sobre todo la lingüística y la
semiótica, queda aún la quimera de decir con Whitney de que “la lengua
es lo que hace la unidad del lenguaje”, mejor: la ciudad del lenguaje
donde habita el poeta. La propuesta experimental de Juan Ramírez va más
allá de la aventura de la escritura y la “rotación de los signos”, en el
suceso puro de la exigencia de una poesía para la comunicación total y
de reencuentro con el pasado histórico con nuestro ancestral sistema de
escrituras diversas de nuestros pueblos antiguos. Sus textos vuelven
sobre la experiencia de lo semiótico. Si en cada época, en cada
sociedad, la obra escrita busca trascender el significado univoco, el
empleo de otros vocablos como elementos no literarios, el uso del
“collage” y los atributos del movimiento letrista, signos, logogramas ,
símbolos de los diversos sistemas escriturales desarrollados por el
hombre en cuyo proceso de hominizacion se encuentra con el lenguaje de
una nueva poesía, ayudar a descifrar lo que el poeta quiere significar y
lo que en el campo especifico de la vida misma espera comunicar. Ya lo
dijo Roland Barthes: “el símbolo no es la imagen, sino la pluralidad
misma de los sentidos”. La disposición de la palabra adquiere en la
poesía de Juan Ramírez Ruiz un sustrato barroco y concreto, el valor
semántico de cada uno de estos textos, implica leerlos con cuidado,
indagar en el significante y el significado de cada uno de ellos, de
allí se obtienen enormes posibilidades, probabilidades y nuevas
posturas, tomando otras dimensiones de la realidad, captar el objeto que
quiere significar en esta escritura y el objeto que significa en la
lectura directa de lo real. El lenguaje es una forma más desarrollada,
sutil, y complicada del simbolismo. Mito, magia, poesía, religión,
razón, lenguaje lógico e ilógico, están íntimamente analogados en los
hilos de la red cultural andina y amazónica. La palabra es creadora del
mundo o creadora de mundos. Ya lo dijo Mallarme: “La poesía no se hace
con ideas, se hace con palabras”. En esta poesía de “Las armas molidas”,
la escritura obtiene prestigio sobre la oralidad del texto. Los
antiguos peruanos escribían sus poemas y desarrollaron sus sistemas de
escrituras sobre pallares, o en cerámicas, o en frisos y muros de sus
edificios, o en tejidos, que son los manuscritos vivientes y vigentes de
nuestra cultura andina y amazónica. Juan Ramírez Ruiz ha logrado
codificar algunos casos y hacernos un espacio de atención, y reflexionar
sobre este hecho poético. Esta escritura salpicada de paisajes de
nuestra historia antigua y actual, siempre azarosa y dramática, le
otorga a la poesía de Juan Ramírez Ruiz una reflexión tremenda sobre
nuestra cultura y su futuro. Thomas Mann ha dicho: “El lenguaje es la
critica de la vida: nombra, distingue, caracteriza, y juzga, por la
virtud que tiene de dar a la vida nombre a todo lo que toca”. El
lenguaje, el arte, la poesía, pueden ser superiores a la vida misma. El
poeta restablece en cada parte de la vida la fuerza vital de su palabra,
y vuelve a convertirla en creativa del mundo. Para lograr esta hazaña
de la libertad del lenguaje, el poeta desactiva también: el inicio y el
final del poema, solo existe el texto, desactiva las armas de la lógica
del lenguaje para dejarlas al libre albedrío de los significados y los
significantes, y pone en el lugar de la muerte: las “armas molidas” del
lenguaje, echas polvo. Restableciendo la verdadera significación y
valoración ética y estética de las cosas. Las “armas molidas” del
lenguaje arcaico de la vieja poesía están muertas, bien muertas. La
oportunidad de renovación intuitiva en la poesía de Juan Ramírez Ruiz ha
sido posible y actual, por el valor artístico, y semántico, que le ha
otorgado a cada uno de los textos para articularlos en un solo discurso
cultural, en lo lingüístico y en lo visual, al desarrollar las formas
esenciales que han motivado estos estímulos poéticos, que configuran
también un ciclo lingüístico, que se ha cerrado y que ha abierto otro,
la poesía como manifestación espontánea, y verdadera, que le da sentido a
su propia propuesta: una poesía siempre será integral, y realizable por
todos, hasta por los lectores.
La poesía de Juan Ramírez Ruiz
viene de la herencia del vanguardismo peruano norteño, creación
literaria y militancia política, animaron su peculio. Viene algo del
“Trilce” de César Vallejo, de la línea férrea chiclayana de ancestros
como Juan José Lora y Lora, y Nicanor de la Fuente, de esa polivalencia
contestataria y abierta hacia las innovaciones experimentales del
lenguaje.
Por último, diré algo más salido de la vigilia y del
vinagre elemental, y tal vez del “vano oficio”, a propósito de muchas
cojudeces que se han dicho como corolario final después del trágico
accidente que ocasionó la muerte de Juan Ramírez Ruiz. Creo que, a los
otros poetas de Hora Zero les faltó consecuencia política para con sus
propuestas poéticas y políticas. Creo que Juan Ramírez Ruiz fue el único
que sobrevivió a tal vergüenza de este inútil juicio final propiciado
por ellos mismos para con los otros viejos poetas que cuestionaron. Del
balance provisorio, de ese parricidio, creo que Juan Ramírez Ruiz sale
ileso, por su propuesta y aventura personal, tanto para con la poesía
como para con los manifiestos, que adjetivaron en el accionar de las
opciones -políticas y poéticas- que predicaron. Y, con su conducta
ciudadana, Juan Ramírez Ruiz, fue el único consecuente con los
manifiestos y la poesía integral, mirar y leer sus libros. No fue ni
becario, ni burócrata, ni ayayero de políticos tradicionales, ni
saltimbanqui de burgueses, ni merodeo en los cócteles de las embajadas.
Sobrevivió con su discreto trabajo periodístico de corrector de pruebas
lapidado con el avance de lo informático en esa profesión, suceso que lo
empobreció más por falta de trabajo. Sobrevivió: solo, resistió y
murió, por la poesía, a su manera. Poeta muerto, al fin, algunos
perversamente han querido transformar al rebelde con causa en un rebelde
sin causa, y eso es algo inaceptable.
* Publicado en la revista Sol & Niebla, número 4, Junio 2008, que dirige el poeta Juan Carlos Lázaro.
** El texto al que se refiere JRR es una parte del poema Dodecaedro del libro “Vida perpetua”.